DEL JARA AL JUAREZ Y AL BUSH

COLUMNA ACERTIJOS

LUNES 10 DE AGOSTO DE 2015

Gilberto Haaz Diez.

*Un buen gobierno es como una buena digestión; mientras funciona, casi no la percibimos Camelot

 

DEL JARA AL JUAREZ Y AL BUSH

 

Es mañana de jueves. La canícula ataranta. Tengo un amigo que año con año me invita a un weekend en un lugar paradisiaco llamado Woodlands, que está muy cerquita del aeropuerto de Houston, en Texas, lugar de republicanos (a ver si no me encuentro al mamón de Trump por acá, haciendo proselitismo) y pues a la gorra no hay quien le corra y, aunque el dólar raya casi los 17 pesos mexicanos, aquí me tenéis en la mañana con mi esposa Matilde, en el aeropuerto Jara de Veracruz para enlazar al Juárez de México y llegar al George W. Bush de Houston. Los aeropuertos aún conservan los nombres de sus próceres o políticos. En Estados Unidos, no hace mucho, las firmas comerciales, que de todo se apoderan, han logrado que le quiten a los estadios los nombres que les habían fijado. Había de los Kennedy y de Jefferson, uno de los Padres Fundadores de la Patria y, de repente llegó la Coca Cola y la Mc Donalds y la AT&T y moles, nunca más volvieron a llamarse cómo lo que eran, como el mamila de Vergara, el Estadio Omnilife de Chivas. Ahora en Veracruz no encontré ningún picudo, en el aeropuerto suele uno encontrar conocidos de la política, del billete o de las artes. Ahora no vi a nadie. Ese aeropuerto esta en reparación total, el restaurante de arriba, el que tenía un ventanal desde donde se veían los despegues, ha cerrado por remodelación y abrieron abajo un tipo cafetería llamado ‘Lechero’, como los de la Parroquia, aunque no es de ellos, me supongo. Compré café de los Fernández, que en bolsitas pachuconas venden, hay que llegar con algo, y unas galletas de café. Veinte minutos después despegamos en el Interjet de Alemán  (Miguel) y Montano (Alejandro), bueno, Montano debe tener el 000001 por ciento de acciones, lo que le da derecho a un vuelo gratis al año. Ya ven como lo quería Miguel, que nos lo dejó casi hecho general, llegó como Capitán y le puso más estrellas el gobernador de las estrellas, hagan de cuenta que una mañana llegó a Veracruz como Clark Kent y salió seis años después como Superman. Cést la vie, diría un francés.

LAS TURBULENCIAS

 

Estos son meses para volar con turbulencia. Los meses de medio año, por lo regular con las calores los aviones suelen agitarse. Los de Interjet son los mejores de México, no hay avión más cómodo y bien seguro. En menos de una hora estábamos en el DF, donde el procurador se pone las pilas y han atrapado a uno de los presuntos asesinos de las cinco víctimas, entre ellas el fotoreportero, lo que le ha costado a Veracruz sangre, sudor y lágrimas. La verdad caerá por su propio peso, es solo esperar a que los atrapen. Uno no puede pensar cómo es posible que unos sicarios o asesinos lleguen, maten y se vayan tan tranquilos pensando que nada pasa. Eso solo en México y cuidado, porque ese DF se le descompone a Mancera y hubo años que parecía Irak, entre secuestros y demás maldades. Una interconexión y una espera nos hace ir a la zona VIP de ese aeropuerto, por cortesía de Banamex, sucede que ese banco un día me leyó y me envió una cortesía para poder ir a gorrearles un café y el Internet y lo que ofrecen, un tentempié de gorra. Priority Pass, se llama esa tarjeta, y como tenía una hora para trepar al otro, pues allí llegué para conocer una historia. Sucede que frente a nosotros, un empresario originario de Tampico platicaba de su padre, un español que regresó a Burgos, de donde era, casi 70 años después, antes de la era de Franco, el no vino de los perseguidos republicanos. A sus 80 años volvió a ver su pueblo, el lugar donde lo bautizaron y todas esas cosas. Pero cada mexicano tiene una historia de maldad, de terror. Este empresario ahora vive en Puebla, ciudad apacible, habló linduras del gobernador Moreno Valle, que la ha transformado y quiere ser el sucesor de Peña Nieto, con un poco de ayuda de Ricardo Anaya, futuro presidente del PAN, y de Miguel Ángel Yunes Linares, que se empieza a enrolar en ese tren que lleva alta velocidad, como los AVE de España. Este empresario, con el que compartimos café una media hora, nos habló de que había cambiado sede, de Tampico se fue a vivir a Puebla porque vivió un secuestro. No hay mexicano que no haya sido violentado o conozca de algún familiar o un conocido o un amigo, que haya sufrido este flagelo. A qué hora se nos jodió el país, diría Vargas Llosa. Nos despedimos y cada quien para su vuelo. He conocido muchos aeropuertos, he volado en muchas líneas, desde las más picudas como KLM (la mejor del mundo), hasta la British y Air France. He aterrizado en el De Gaulle de París y en el Heatrow de Londres, me he subido también a líneas totoloteras, esas que te trepas y no sabes si llegas. Le perdí el miedo a volar -vivía apanicado como García Márquez-, cuando un amigo me invitó en su avioneta y volamos de Veracruz a Mc Allen en línea recta, bordeando el mar del Golfo, allí, me dije, si no te mataste aquí no te va a tocar en avión, y desde entonces me trepo con singular alegría. He leído todos los libros que he encontrado de accidentes, a veces veo Desastres aéreos, unos documentales de NatGio, de cómo se estrellan y los porqués. Pero cuando voy a volar los dejo, agarro el Memin Pingüin y mejor me divierto con el negrito, o tomo un libro, ahora releo la Historia del Chapo, de la gran periodista de Proceso, una de las mejores investigadores mexicanas, Anabel Hernández. Chapo volvió a estar de moda y es lectura obligada. Encontré también en el aeropuerto tres libros, y como no quería venir cargado solo compre dos, otro de Diego Osorno, joven reportero experto en asuntos del narcotráfico. Y las revistas, el Vanity Fair en español, sin duda la mejor. Hablaba de los aeropuertos y sus zonas VIP, porque la mejor de todas que he visto, es una en Madrid, en el Barajas-Adolfo Suarez, qué bárbaro, tienen paella, fabada, morcilla,  jamón Jabugo, el de Pata Negra, que alimentan con puras bellotas, ese es el mejor que he visto, y de gorra, que es lo mejor

DON JUAN BUENO LAZARO

En el camino, rumbo al aeropuerto me enteré de su muerte. Murió un hombre bueno, don Juan Bueno Lázaro, doloroso para su familia y sus amigos. Fue empresario muy visionario, el primer hotel de playa en Veracruz, el Torremar, él lo construyó, y años después logró una asociación con el Palacio de Hierro, en ese mismo sitio. Le conocí cuando aquellos años del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), sitio donde se daban batallas por la libre empresa. Córdoba le llora, muy seguro, y sus amigos no lo olvidarán, a su paso por esta tierra sembró solo cosas buenas y, como dijo Santa Teresa, no lloremos su partida, hay que alegrarse por los años que vivió entre nosotros. A su familia, el más sentido pésame, y seguro Juan descansará en paz.

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