DOÑA CARMEN ROMERO RUBIO

carmen romero

RETRATOS

VIERNES 18 DE SEPTIEMBRE DE 2015

Gilberto Haaz Diez

 

PUBLICADO EN EL SEMANARIO CENTINELA

DOÑA CARMEN ROMERO RUBIO

 

Uno ve su nombre y no da que fue la esposa de Porfirio Díaz, tan famoso en estos 100 años de su muerte. Han llegado películas, documentales, nuevos libros como el de su tataranieto, Carlos Tello Díaz, y hasta una estatua del Dictador en pleno parque orizabeño, una bella plaza llamada Bicentenario, donde Porfirio tiene a sus espaldas el mítico y legendario Cerro del Borrego, cruel escenario de aquella batalla contra los franceses en junio de 1862, cuando llegaron tumbando caña y nos hicieron morder el polvo. Luego nos la pagaron, porque entre Porfirio Díaz y el General Zaragoza ‘las armas nacionales se cubrieron de gloria’, como le informaron al Comandante en Jefe, Benito Juárez. Pero entre todas estas biografías y sucesos, poco se ha hablado de la esposa del Dictador y héroe de guerra, un auténtico héroe o villano. Por la tele, Discovery nos metió a su historia, a parte de esa vida y de ese capítulo que no termina de cerrar. Y verlo, cuando la mujer, su esposa, Carmen Romero, peleaba con el embajador mexicano en París por sepultar a su marido en Oaxaca, junto a su madre, aquel se negaba, alegaba que Díaz era un héroe de la patria, pero los años eran tormentosos y los revolucionarios se mataban entre ellos para ver quién se quedaba con esa corona, que terminó un tiempo malo en manos del chacal Victoriano Huerta, asesino de Madero (léase el libro De cómo vino Huerta y cómo se fue). Pobre Madero, no supo para quién trabajó.  Carmen Romero Rubio nació en Tula, Tamaulipas, en el seno de una familia muy acaudalada. Su padrino de bautizo fue Sebastián Lerdo de Tejada quién fue Presidente de México. Porfirio Díaz conoció a Carmen Romero Rubio en una recepción en la embajada estadounidense. Acordaron que ella le enseñaría a hablar inglés y fue ahí donde comenzaron a conocerse y a tratarse. A las siete de la noche del 5 de noviembre de 1881se casaron, siendo testigo el entonces presidente de México, Manuel González. Emprendió obras de beneficencia, como mandar construir una casa cuna anexa al templo de San Agustín y obsequiarles una casa a monjas francesas para que fundaran su comunidad. Acompañó a su esposo en su destierro a Francia en 1911. Después de la muerte del general, se quedó unos años en París viviendo del dinero que le dejaban sus propiedades en México. En 1931, Carmen Romero Rubio decide retornar a México. Radicó en una residencia situada en la defeña calle Tonalá. El 25 de junio de 1944, Carmen Romero Rubio y Castelló falleció en la capital a los ochenta años de edad. La sepultaron en el panteón Francés, y la misa fue oficiada por el arzobispo Luis María Martínez. Hay una placa en su pueblo, que el Ayuntamiento en 2001 le fijó, en el sitio donde nació. La mujer de Porfirio. 

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