EL MEXICO DE LOS DESAPARECIDOS (10 DE MAYO)

COLUMNA ACERTIJOS

JUEVES 10 DE MAYO DE 2018

Gilberto Haaz Diez

 

*A todas aquellas Madres que aún buscan a sus hijos, desaparecidos en este México que no nos merecemos. Que Dios les de aliento y fuerza para seguir en ese triste y mal camino. Y que Dios las bendiga. Camelot.

 

EL MEXICO DE LOS DESAPARECIDOS (10 DE MAYO)

 

Quizá hoy que es Día de las Madres, hay madres que sufren por la desaparición de sus hijos o hijas, o esposos o sobrinos. A ellas se les debe recordar en este Día. Cuando una mañana o tarde las vieron salir del hogar y no han regresado. Existen en México y en Veracruz y en Orizaba, Grupos Colectivos que las buscan, con palas, en terrenos áridos, en montes donde los delincuentes, después de matarlas, las arrojaron y sepultaron con maldad, ellas las buscan con la esperanza de encontrar algo, una prenda que las identifique, un zapato, un algo que les diga que ahí están, porque nada hay peor que no saber de ellas y ellos. Madres que excavan la tierra con picos y palas, en la esperanza de verlas de nuevo. Es un peregrinar constante. Cada uno de nosotros en este país, que es un Cementerio gigante, conoce del caso de alguna jovencita o de algún joven que salieron a sus tareas cotidianas, o al café o a la escuela, y no han regresado. Sus madres los buscan, los quieren cómo los encuentren: vivas o muertas. Desgarra entrar al Internet y buscar a muchas de ellas. En México hay más de 32 mil desaparecidos, entre jovencitas y hombres y esposos. Hace dos años, en un día como este, escribí de aquella jovencita que, cuando junto a unos amigos pasaron por Tierra Blanca, encontraron la muerte de manos de unos malvados que hoy están detenidos en espera de ser sentenciados, a quizá 70 años de cárcel, o más, porque ese delito se tipificó como feminicidio. Hay cartas y relatos conmovedores. Escritos que uno busca en Internet y que desgarran el corazón. Yo escribí hace 5 meses.

 

A LA MEMORIA DE KIMBERLY

 

No conocí a Kimberly, pero platiqué un día con sus padres. Era una joven de 17 años. Conmovía en ese tiempo de un frio noviembre no encontrarla. Lloraban, imploraban ir a todos los sitios donde los malvados les decían allí la encontrarían, viva, porque estas bestias lo que querían era dinero a cambio de su libertad. Mentían. Ya estaba muerta. Fue gracias al trabajo del Fiscal de Hierro, Jorge Winckler Ortiz, y su grupo de la Unidad Especializada en el Combate al Secuestro (UECS) en la zona Orizaba-Córdoba, que dieron con esos criminales, los detuvieron y al hablar dijeron dónde la habían sepultado, junto a otras dos personas. Fue desgarrador el mensaje cuando a los padres les dijeron que por fin la habían encontrado, pero muerta, sepultada clandestinamente. Fue un caso en Orizaba que mucho lastimó a esta sociedad, que ve morir a sus jóvenes de manos de estos inescrupulosos delincuentes. La madre, al lado de Grupos Colectivos de esta ciudad, fue acompañada cuando le entregaron sus restos para ser sepultados religiosamente, velarla y al otro día darle cristiana sepultura. Al llorar, una de ellas le dijo, llorando ambas: “Tranquilízate, consuélate, ya tienes contigo a tu hija y ya puedes ir a sepultarla de blanco, y ya puedes irle a rezarle a su tumba y llevarle flores blancas, yo busco a la mía hace cinco años y no la encuentro”. Kimberly, descansa en paz.

 

BUSCARE A MI HIJA HASTA EL ULTIMO ALIENTO.

 

La última vez que Esperanza cenó con su hija Celeste, de entonces 25 años de edad, fue el 4 de febrero de 2013. Esa noche, cuando Celeste se despidió para irse a su casa con sus tres hijas, Esperanza le dio la bendición sin advertir, que al día siguiente, iniciaría un calvario que no da tregua. Celeste desapareció el 5 de febrero, minutos después de llevar a una de sus hijas al jardín de niños.

 

ENCONTRO A SU HIJA 3 AÑOS DESPUES.

 

Cristina interrumpe el llanto para despedirse: “Yo siempre te busqué, hija, aquí está la prueba”. Para que todos puedan verla, frente al cortejo fúnebre extiende con las dos manos la hoja de búsqueda que se elaboró cuando hizo el reporte de desaparición de su hija. Los asistentes al cementerio Bosques de Xalapa, la mayoría familiares e integrantes del Colectivo por la Paz, hacen un silencio, interrumpido sólo por sollozos y las maniobras de los sepultureros que inhuman los restos de Anayeli, de 31 años.

 

HIJA MIA, EN CASA HAY UNA SILLA VACIA.

 

“La angustia empezó y salimos los dos a buscarte. Nos encontramos con tu hermano y ya los 3 anduvimos hasta las 5 de la mañana. En la segunda noche vi una estrella fugaz y el dolor fue enorme. A los 5 días una llamada nos advierte que unos tipos de una camioneta te agarran y te suben a la fuerza. Ahora se cumplen 13 años que no te veo; que no sé de ti. Que no hemos parado de preguntar y caminar, de tocar puertas y no hablan. Un silencio de complicidad roe corazones de quienes saben y enmudecen. Hija mía, en casa una silla está vacía. Los corazones rotos, pero la esperanza de encontrarte no muere. Seguiremos buscándote hasta que la vida nos permita”, escribió Silvia, en un texto a su hija.

www.gilbertohaazdiez.com

 

 

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