EN LA BOLA

COLUMNA ACERTIJOS

LUNES 23 DE MARZO DE 2015

Gilberto Haaz Diez

*Proverbio aborigen: “Todos estamos de visita en este momento y lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar y volver a casa”. Camelot.

EN LA BOLA

 

Aquí a Madrid uno viene a pasearse, a comer y a caminar. Conocer de este país que sufrió un altibajo en la crisis del ladrillo y que ahí van, como su Puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo. En ese Madrid que el poeta Miguel Hernández escribió: “Sólo te nutre tu vívida esencia. Duermes al borde del hoyo y la espada. Eres mi casa, Madrid: mi existencia, ¡Qué atravesada!”. Llueve, amanece con frio, 4 grados. Hace algunos años, el notario Gerardo Gil (q.e.p.d.), me recomendaba fuera a comer el mejor cocido madrileño a La Bola. Un comedero que data desde 1875. Llueve y con mi paraguas camino, está a pocas cuadras, por Carmen-Callao a la plaza Santo Domingo, cerca de la Gran Vía y al callejón de La Bola. Allí llegué vía reservación, y solito y mi alma me lo comí, lo saboreé como pocos, después de venir de Japón esto es maravilla culinaria. Un señor entrado en años me sirvió, primero la sopa con fideos, paquete incluido, era para mi primer y segundo plato. El lugar es acogedor (sin albur, Peña Nieto dixit), como hace frio afuera, la calefacción lo deja ver en su esplendor íntimo. Abajo es chico, escasamente unas 8 mesas, pero sube gente y me imagino que allá arriba habrá más mesas y espacio. En España se celebra ahora la 5ª ruta del cocido madrileño, participan todos los restaurantes que se especializan en ello: L Hardy, la Gran tasca, los Lanceros, el Rincón de Goya, las Cocheras del Rey, todos riñen y rivalizan por servir el mejor cocido madrileño. Oscilan los precios, el que me comí pagué por él 21 euros, refresco y agua incluidos, ando de Triple A, no chupo. En otros sitios, hasta 35 euros. Cuando se anda por provincia, sobre todo por el norte, por la Cantabria, en esa zona manda gorro el Cocido Montañés, un plato para matar el hambre muchos días, te lo sirven en una cacerola gigante de barro o de acero y parecería que te dan de comer para el mes entero, escanciarla con un vino y ya está. Los cocidos eran comida de pobres, en la España de la Guerra Civil, cuando tenían pobreza y muertes y muchas balas, las comidas eran sencillas, sin grandes  cosas extras, ni pollos ni carnes que ahora avituallan. Por ejemplo, en Valencia, una vez me comentó un mesero que la Paella original llevaba solo arroz y conejo, cuando se eran pobres así comían, un arroz, el azafrán, y el conejo que cazaban, luego lo comenzaron a adornar con pollo, carne y camarones. Son los líos culinarios de los pueblos, y su gastronomía cimarrona.

EN LA GRAN VIA

Es el quinto día madrileño que aquí vivo. Sigue el frio, dejó de llover. Ayer tarde y parte de la noche, la lluvia no cesó. Hay una polémica,  creen haber hallado los huesos de Miguel de Cervantes, el del gran Quijote, unos aseguran que sí, otros más escépticos aún dudan. Lo que es un hecho es que por doquier, abriendo los diarios, hay casos de corrupción gubernamental, por todos lados, pero aquí, a diferencia de México, donde la impunidad vive con los funcionarios, aquí la castigan severamente y en serio. Camino La Gran Vía, esa que Lara quería adornar de claveles y oteo su gran avenida. Veo los menús que ofertan en sus comederos, aquí se puede comer desde 10 euros, en uno de estos económicos, una entrada, una paella y un vino de la casa por 10 euros, hasta los más renombrados como el Landó del chef Ángel, un tipo que atiende con singular alegría, uno de los mejores cinco restaurantes de Madrid, donde a su entrada hay retratos del dueño con figuras renombradas hollywoodenses, incluido el Rey abdicado y el Príncipe que ahora es Rey y reina en España. La telefonía mexicana en el extranjero es la más cara del mundo. Hay que usar el Wi Fi de los hoteles porque Slim y sus precios te dejan encuerado. Cobra como en Suiza, con servicios de Uganda. Han utilizado mucho la bicicleta de renta, como en toda Europa. Quieren que la gente no entre con sus automóviles a los primeros cuadros, la contaminación y los atascos los vuelven locos. En la Gran Vía llaman la atención tres boleros, limpia-botas les llaman aquí. Ofertan la boleada con foto de Cantinflas en sus cajones, por aquel famoso Bolero de Raquel. Son mexicanos. Me doy grasa con uno, dice llamarse Pedro, 52 años, está aquí desde hace tres y vive con un hijo que es Camarero de restaurante, mesero, pues. Chilango del DF, cuenta que estaba en la albañilería y que le iba bien, pero de repente a España se le apagó la luz con la crisis del ladrillo y tomó su cajón y no se rindió. Le pregunto cómo le va, dice que mal porque el tiempo frio no deja salir a la gente a la calle. La boleada cuesta 3.50 euros, pasa una gringuita y le pido me tome una foto, luego, le doy su propina a Pedro y lo dejo luchando contra el tiempo frio y esperando clientes. La Gran Vía luce majestuosa, hay cielo abierto, no llueve hoy, los buses tipo los de Castelán y Demuner  transportan madrileños, las estaciones aledañas del Metro hacen bajar y subir más. Los hoteles al pie, el Meliá afamado y el Senador (debe ser por los tres Yunes), los bares de tapas, las tiendas de souvenirs, el teatro donde el Rey León reina como el rey de la selva, obra que vi hace un año y que lleva cuatro; en el Broadway neoyorkino creo lleva más de diez. Los bancos como el BBVA y el Santander, reconocidos nuestros. La gran tienda de chamarras de piel y todo lo que exhibe la Gran Vía, no llegué a Chicote,  para un agasajo postinero, con la crema de la intelectualidad, caminé hora y pico hasta la Plaza de España, me tomé foto con las estatuas de Quijote y Sancho, y como escribiera Cervantes: “Cada uno es artífice de su propia ventura”. O: “Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces”. Luego regresé a pie, para más tarde tomar el Metro y poder caminar, si la lluvia no llega, al parque del Retiro, o irme al Museo del Prado. A ver las Meninas de Velázquez y la Maja Desnuda de Francisco de Goya. La cultura en todo su esplendor, en este Madrid, que en México se piensa mucho en ti.

Visítenos: www.gilbertohaazdiez.com

 

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