EN PALENCIA (ESPAÑA, DIA XXII)

COLUMNA ACERTIJOS

JUEVES 2 DE ABRIL DE 2015

Gilberto Haaz Diez

*Todos los viajes tienen sus ventajas. Camelot.

EN PALENCIA (ESPAÑA, DIA XXII)

Tarde de Semana Santa. Estoy en Palencia, zona palentina, en la Montaña donde la nieve es el pan de cada día y donde vivió el esposo de la Duquesa de Alba, Alfonso Diez Carabantes  (Palencia, 15 de noviembre de 1950), el viudo de España,  tío lejano de Juan Manuel Diez, alcalde de Orizaba. Del mismo pueblo de su padre, don Juan Diez Alonso. Viudo de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, conocida entre la flota como Cayetana de Alba, a secas. La mujer de más títulos nobiliarios en el mundo, más que Chabelita, reina de Inglaterra. 20 veces Grande de España, 6 ducados y todos los títulos nobles. El único que le faltó fue Condesa de Chacaltianguis. Aquí estoy en Palencia. Invitado a comer por Arsenio Mier, un cubano que hizo la España y que su historia es desgarradora, como la de todos los cubanos que salieron huyendo del comunismo y la opresión y la pobreza que avecinaba Fidel Castro. Lo de Arsenio fue peor, porque llegó con Fidel cuando tomaron la Habana y luego Fidel les traicionó a todos. Hasta al Che Guevara, que si la muerte no se le atraviesa en Bolivia, seguro el barbón se deshace de él, todos los que le estorbaron quedaron fuera, o en la cárcel o en el panteón o en el exilio. Hay una lastimosa película de Andy García: (Lost City, Ciudad Perdida), que retrata muy bien ese exilio de aquellos años. Y si uno lee, o ha leído al autor de Tres tristes tigres, Guillermo Cabrera Infante (Gibara, Cuba, 22 de abril de 1929 – Londres, 21 de febrero de 2005), un hombre que le sirvió al régimen y luego fue desechado, Premio Cervantes de las letras, que murió llorando y amando a su Cuba, sin regresar jamás a la Isla y en sus letras dejó parte de esa historia cruel, que ahora Papá Obama quiere corregir, para sacudirse a ese par de viejitos que desgobiernan Cuba. De Cabrera Infante Mario Vargas Llosa escribió: “El día que Guillermo Cabrera Infante murió yo estaba en el sur de Chile, afiebrado, aturdido por los antibióticos, y la bronquitis me había dejado afónico de manera que ni siquiera pude hacer una declaración a la prensa en homenaje a su memoria. Pero esa noche las imágenes de más de cuarenta años de amistad me mantuvieron en un duermevela angustiado. Recordaba cuando lo conocí, en París, todavía un diplomático al servicio de la Revolución, traspasado de dudas y de conflictos interiores; la broma que me gastó, cuando le dimos el Premio Biblioteca Breve a Tres Tristes Tigres (que en manuscrito se llamaba Vista del amanecer desde el trópico) haciéndose pasar por ¨un tal Onelio Jorge Cardoso¨ que me llamó a la Radio-Televisión Francesa para hablarme pestes de Cabrera Infante, y la increíble casualidad de que al exiliarse en esa ciudad de tantos millones de habitantes que es Londres viniera a vivir en un sótano que estaba apenas a un centenar de metros de mi casa, en Earl´s Court. Esa Habana que él fabricó con su talento, en sus cuentos, novelas y crónicas nadie podrá quitársela ya a Cabrera Infante, como le quitaron la otra, la real, un despojo al que nunca se resignó, que abrió en su vida una herida que nunca dejó de supurar, una ausencia que a la vez que alimentaba su vocación y le sugería imágenes, personajes, diatribas, evocaciones, recuerdos y ensoñaciones a menudo deslumbrantes, lo fue matando a pocos de nostalgia, de amargura y de frustración a lo largo de todo su exilio”.

ESA OTRA HISTORIA

Conocí la historia de Arsenio hace años. Le conozco hace tiempo y algunas veces hemos coincidido en Santander o Palencia o en la Miami floridense, su segunda patria. Sus padres eran dueños del restaurante El Templete, en la bahía de la Habana. Uno de los cinco mejores de Cuba. Alguna vez comí allí, la única vez que fui. Cuando Fidel sacó el cobre, sus padres, Arsenio y Joaquina, ambos españoles de esta zona, palentinos, con el tiempo compraron una casa en Cervera del Pisuerga, aquí nomás tras lomita. Una mañana salieron con lo que traían puesto, abandonaban Cuba, al volver la vista atrás un mesero les vio, pensaron ellos que los delataría, porque ya Fidel volvía a ese pueblo de delatores. No, el mesero les entendió, era su empleado agradecido y con la mano les dijo adiós. Llegaron al aeropuerto y volaron a España, a esta casa que era su único capital, cuando en Cuba gozaban de bienestar económico por su trabajo. Arsenio aún llora al recordarlo. Se seca las lágrimas. Cuba siempre pesó en ellos. Algo tenía la Isla que la amó. Me dice que a un amigo, al que decían el negro, no pudo llevarlo de regreso. Él ha visitado ya La Habana, al igual que Maritere, su hermana y mano derecha en los negocios, ella colecciona autos antiguos de lujo. Sus padres ya no le viven. En España se movió y partió a Miami, en cuanto creció de sus 17 años. Hizo la América. Comenzaron a traer autos Mercedes y se hicieron de un capital, luego llenó España de máquinas de juego, las llamadas ‘tragaperras’. De ahí en adelante todo fue dulzura y belleza. Hoy es un capital fuerte, con grandes inversiones madrileñas y de Miami, en una finca de mil hectáreas, con sus 8 bungalós, donde cría venados y corzos y jabalíes y caballos ponys y hasta burros peludos, allí  tiene una Cava de vinos que quizá sea la segunda mejor de España, con unas 300 botellas de Vega Sicilia, entre las 3 mil que debe haber, incluyendo una Vega de colección de 1937. Es inversionista de bienes raíces y le alquila a El Corte Inglés una zona de casi media manzana y otra parte a Zara, la tienda del gallego Amancio Ortega. Con él estuvimos departiendo un rato en los pinchos, en la calle Mayor de Palencia, en un restaurante llamado La Habana (pues como no), que atiende un pariente de ellos, Carlos, hijo de María Jesús Iglesias Diez, parientes todos. Ya tarde, partimos de regreso a Madrid, que fue nuestro cuartel general de escalas para movernos, lo mismo al norte que al sur. Dos horas y pico después, cerca del gran Túnel de Guadarrama, encontré la primera caseta de paga. Sin empleados. Todo automático. Pelé el ojo porque es la única que encontré, en mi periplo carretero. 12.35 euros, que incluye el IVA de 21%, un tiquet de Iberpistas nos hace ver que quizá esté concesionada, como la mugre de Capufe, pero aquí con suelo de primera, lo mismo el encementado que encarpetado, en la nuestra puros hoyos brincadores,  y llegar a Madrid, para dormir un par de noches y buscar otro sitio porque el tiempo de vagaciones termina, y hay que apurarle.

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