EN TRES VALLES

COLUMNA ACERTIJOS

VIERNES 20 DE FEBRERO DE 2015

Gilberto Haaz Diez

 

*Solo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar. Camelot.

 

EN TRES VALLES

 

Mañana de miércoles de Ceniza. Media semana. Amanece con lluvia y el estado con un frente frio, el número 36, que impidió que Luis Miguel cantara en el Malecón de Veracruz y que el último paseo de Carnaval se suspendiera. Gacho ese clima. Camino rumbo a Tres Valles, uno de esos pueblos un poco como los caminos de Comala, los de Pedro Paramo de Juan Rulfo, donde en ese sitio, cuando iba en busca de su padre se encontró atrapado en un mundo sin vida. Hacía tres décadas que no caminaba esos lares. Debo ir pronto hasta llegar a la casa de la abuela, Genoveva Diez Fernández, una bella casa de dos pisos, enorme que la veíamos de chamacos en Villa Azueta, frente al parque, donde la vivieron un tiempo la abuela y la tía Nena y el tío Ginés Diez Fernández, notario público por excelencia, dos veces alcalde de ese pueblo, un hombre bueno y benefactor de la ciudad. Pero ahora solo llegué a Tres Valles, allí, como en Comala, iba en busca de Toño Tarek Abdalá, que ese día sería ungido candidato de unidad a la diputación federal. Al pie del camino, con un clima fresco, raro que en esa zona cuenqueña la temperatura esté a 17 grados, allí donde a veces se pone a 50 y un día unos amigos hicieron una prueba y estrellaron un huevo (sin albur, como dijo Peña Nieto) en el cofre de un auto ‘a plein solé’ como diría un francés, y se coció. Enfilo la maltratada carretera recta de la Y Griega de La Tinaja. Algún tiempo un gobernador o un presidente harán esa de cuatro carriles y pasarán a la historia. Por allí se mueve todo el tráfico al sureste, todo, miles y miles de camiones y automóviles de la carga que mueve al país.

 

LA RECTA DE LA Y GRIEGA

 

Hace muchos años, mi padre me lo contaba, no recuerdo si con el presidente Alemán Valdés o con don Adolfo Ruiz Cortines, el más honesto presidente que haya parido este país, teniendo a su secretario de Obras Publicas le dio la orden de que la carretera se hiciera recta, y que si encontraba una curva lo linchaba, o lo capaba. Además, con un plus, que a cada lado sembraran arboles de mango para que los turistas bajaran a tirarlos o recoger los caídos y comerlos. Aún sobreviven muchísimos de esos árboles. Ayer los veía, en ese caminar a Tres Valles, la tierra de los antepasados de Tarek, donde su abuelo tuvo su tienda, Casa Abdalá, que ayer recorrí al pie de la vía, donde hacía tres décadas no iba. Lloviznaba, hice el primer stop en el hotel Fiesta Palmar, un hotel modesto al pie de la carretera, en la entrada al pueblo. Allí organizando la recepción encontré a Roque Flores, hijo de mi amigo Roque Flores Armida, los de Cotaxtla, que es un fiel colaborador de la campaña. Esperamos un ratito y el candidato apareció, inconfundible por su tamaño, cerca de dos metros, con su tipo basquetbolista a la Michael Jordan y con pasos como los de Oabama, entró al salón. Lo hizo al lado de su esposa, Ariadna Gutiérrez de Tarek, alcaldes pueblerinos, síndicos, regidores, diputados, colados, el presidente del PRI, Alfredo Ferrari Saavedra, y el calor de la sociedad civil de esos pueblos ribereños: Cosamaloapan, Tres Valles, Tierra Blanca, etc. Toño Tarek cultivó una rosa blanca, en junio como en enero, y eso le valió la acogida (sin albur, dijo Peña Nieto) que le dio ese pueblo donde la décima aflora y el calor de hace sudar y a veces acongojarse, contagia por todos los poros de la piel. A las cuatro era la cita, como en el reloj de Federico García Lorca. Se suponía que el candidato caminaría al lado de sus fieles rumbo a la convención que lo ungiría, sin votación de la Capilla Sixtina, como el único candidato a la diputación por el PRI, su partido, el de Peña y Duarte, como lo gritaba a todo pulmón ante unos 8 mil de esos priístas en rojo, que abarrotaban el salón del evento. Mientras, yo deambulaba por el pueblo. Casi todos los pueblos tienen sus tiendas Coopel y Elektra y Soriana y Chedraui. Han progresado, hace muchos años no recorría esos caminos que van a Ciudad Alemán, un villorrio que en tiempos del Alemán presidente se pensó que sería ciudad modelo y terminó en un pinchurriento campamento que albergaba a los trabajadores de la Comisión del Papaloapan, tenía hasta su concha para conciertos como la del Hollywood Bowl en Los Ángeles, California, allí una vez me llevó mi padre a escuchar a la Sinfónica de Xalapa, pero ese pueblo no creció y, cuando llegó el Alemán hijo, pensábamos que la haría como Austin, en Texas y que va, la dejó más parecida a Cojinillo, una colonia terrablanquense. Ni Montano pudo con eso.

 

HACIA HAMBRE

 

El tiempo pasaba y hacia hambre. Tiene ese lugar, cerca del Amate, en el kilómetro 25 de la carretera Tinaja-Ciudad Alemán, pegadito a Tierra Blanca, un comedero de primera, los frijolitos con manteca no los come ni el Rey de España, el abdicado y el titular. El restaurante se llama ‘La Bendición’, famoso, muy famoso. Al llegar nos detuvo un retén de soldados de la Gloriosa Marina Armada de México. Platiqué con uno de ellos en lo que revisaban el auto. Les felicité y agradecí lo que estaban haciendo por México. Sin ellos, quien sabe qué demonios hubiera pasado en el país, si así pulularon los alcaldes Abarca y los gobernadores Aguirre (presidente, que espera usted para detenerlo, el pueblo lo aplaudirá), imaginen qué hubiera sido de México. Felicité también a una mujer soldado que con ellos hacia tropa. Y entré al comedero de mariscos. Por allí a unos kilómetros merodeaba Othón González Ruiz, quien llamó pero tarde, ya no llegó a la comida. Con mi hermano y mi hijo comimos mariscos de primera, camarones enchilpallados solo hechos allí. Ofertan carne de avestruz y armadillo y filete de venado. No nos ocurrió lo que en una décima pintaba Constantino Blanco Ruiz (Tío Costilla): “Ando mal del apetito, es muy poco lo que como, me sobo bastante el lomo pues mi trabajo es durito. Me bajé en Arbolillo, a echarme una campechana. No me quedé con la gana, de un torito de limón, pa’ hacer buena digestión, y comí con precauciones, ocho docenas de ostiones y un kilo de camarón”. Venga.

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