ESE PUEBLO LLAMADO TZONCOLCO

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COLUMNA RETRATOS

 

SABADO 7 DE MAYO DE 2016

 

Gilberto Haaz Diez.

 

PUBLICADO EN EL SEMANARIO CENTINELA

 

ESE PUEBLO LLAMADO TZONCOLCO

 

No es un pueblo como Macondo, ni sus habitantes son como las novelas del Nobel García Márquez. Tzoncolco es una comunidad indígena que, de la pobreza lacerante, hace unos diez años pasó a tener poco a poco las comodidades de las pequeñas urbes. Hace una década no tenían camino para trepar, su pueblo está a unos mil 700 metros de altura, trepa uno por Tlilapan. Lo hacían en mulas y a pie, para comerciar la leña y el carbón, fuente de sus ingresos. Es un pueblo de unas 544 personas, indígenas todos, visten como en sus tiempos de la Conquista, los hombres con pantalón y camisa y algunos aún con huaraches,  las mujeres con su bayeta, banda y camisa, y huaraches algunas, una gran mayoría cambian a zapatos bajos, de piso, aunque la vestimenta no la cambian por nada, ni por los jeans ni por nada, así les enseñaron a vestir históricamente desde el tiempo que se crearon como las naciones indígenas que poblaron nuestros pueblos. Les llegó con ayuda de los gobiernos estatal y federal, la carretera encementada, ahora suben los autobuses; tienen ya la electricidad, un día se hizo la luz, como lo bíblico, ya cuentan con señal televisiva VTV y siguen sobreviviendo buscando nuevos horizontes. Tienen escuelas y telesecundarias y son muy trabajadores. Maestros y maestras muy aplicados en su deber, que honran el legado de Rébsamen. Va la historia. Hace nada un grupo de maestras de la escuela kínder, ‘Niño Artillero’, me pidieron mediara para conseguir un autobús que llevaría a 49 alumnos a conocer el Acuario de Veracruz, un bello sitio. Para no hacerla muy cansada, pedí a don José Luis Castelán Crivelli, un autobús con chófer, para que los trasladara. Accedió. Como accedió el alcalde de Veracruz, Ramón Poo Gil, cuando le solicité consiguiera las entradas gratis para el Acuario. Me contestó que ya estaba autorizado, que era un honor recibirlos y que el empresario Anselmo Estandía Colom, director del Acuario, les tenia listos los boletos. Verán esos niños indígenas el Acuario, famoso por ser una joya acuática, conocerán a los delfines y manatíes y a los pingüinos y a los tiburones, algunos niños conocerán el mar, por primera vez verán ese mar que Eduardo Galeano, el escritor, narró en un corto poema llamado La orilla: “No se animaban a meterse. Con los ojos clavados en las olas, todos parados como soldados en fila, se medían el miedo y se atrevían, a lo sumo, a mojarse los pies. Eran niños venidos de tierra adentro, de muy adentro, que no habían estado nunca en la playa de Piriópolis, ni en ninguna playa, y que nunca habían visto la mar. Y uno de aquellos niños que estaba descubriendo la mar y que no tenía ojos para ver lo que estaba viendo, comentó:

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