LOS PASADOS PRESIDENCIALES

COLUMNA ACERTIJOS

VIERNES 11 DE OCTUBRE DE 2019

GILBERTO HAAZ DIEZ

 

 

*Los arboles demasiado temprano no prosperan. Camelot.

 

 

LOS PASADOS PRESIDENCIALES

 

 

De los expresidentes se ha dicho que son como los jarritos chinos, muy valiosos pero no se encuentra sitio dónde ponerlos. Al menos los de México, no sé si son muy valiosos, pero a todos ellos sus pasados los persiguen. El que no cometió un crimen de Lesa Humanidad, le encontraron un saqueo del erario, como a mi licenciado Peña Nieto. Todos cargan sus fantasmas en las noches de trasluz y todos tienen o que huir del país, buscando chamba en otras latitudes, o simplemente huir de los reflectores, como Salinas en Irlanda, porque si aquí se quedan les va como en feria, como a Jolopo, que cuando entraba a los restaurantes, después de ser presidente, la gente comenzaba a ladrarle, por aquello de que defendería el peso como un perro. No lo defendió, pero la memoria de la gente es canija, diría Kamalucas, un filósofo de mi pueblo. Todos tuvieron su Waterloo. Díaz Ordaz y Echeverría fueron perseguidos por los muertos de aquel 2 de octubre que no se olvida. La historia los hermanó en la maldad y en los crímenes, de los cuales a Echeverría se le juzgó y condenó. A Díaz Ordaz lo salvó la muerte. A Ernesto Zedillo, los muertos de Acteal lo acompañaron en su peregrinar. Fue salvado por los gringos, cuando le ofrecieron chamba por allá y en la misma ONU, donde llevaron su caso, el presidente americano pidió una tregua. Y lo salvaron de una condena donde debía pagar el gobierno mexicano, o él, 50 millones de dólares a los familiares de las víctimas. 45 indígenas tzotziles que oraban en una comunidad y fueron asesinados por un comando de paramilitares. Se salvó por un pelito. Porque todos sabemos que los crímenes de Lesa Humanidad se juzgan en tribunales internacionales, en La Haya, y de ahí no se escapa nadie, a Pinochet se les escapó después que la primera ministro de Inglaterra lo salvó de ese infortunio.

LOS DE AHORA

Toco el tema porque en estos días, el expresidente Felipe Calderón iba al TEC de Monterrey, a dar una conferencia pagada, cobrada. Pero al ex se le olvidó que allí, en esa Universidad prestigiosa dejó sembrados dos cadáveres de un par de estudiantes de excelencia, que en su gobierno los soldados mexicanos confundieron con guerrilleros y los mataron, hasta con el tiro de gracia, afuera de la Universidad. Hace no mucho vi en Netflix un documental sobre ese tema. Se llama “Hasta los dientes”, narra el proditorio crimen de un marzo de 2010. El documental dura poco menos de dos horas, impacta, hace que a uno las lágrimas se le salgan, porque eran dos muchachos buenos, estudiosos, de esos de excelencia, y el sacar a los militares a las calles, que no tienen preparación mas que para disparar, originó esta tragedia. El documental narra todo y hace hablar a los padres, a una madre dolida por la pérdida de aquel hijo que no volverá, y que fue un número más en esa lucha estéril, cuando Calderón sacó el Ejército a las calles, y en algunas ocasiones se equivocaron, como ésta. El nombre de los jóvenes se limpió y algunos soldados fueron acusados, no alcanza el documental a meter la nota cuando este gobierno, el de AMLO, a través de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, fue a ofrecer disculpas y pedir perdón por ese acto criminal, ante el rector y los estudiantes y familias. Y ofreció indemnizares. “Eran alumnos, no sicarios”, dijo entre lamentos de las familias y estudiantes. “A nombre del Estado Mexicano les ofrezco una disculpa pública, por la violación a sus derechos en el marco del uso excesivo de la fuerza por el que fueron privados de la vida sus hijos, Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo, por elementos del Ejército Mexicano”. Allí mismo, en el sitio donde los aniquilaron, hay un mural para que las generaciones no olviden ese terrible crimen. Los rostros de los muchachos adornados con flores y mensajes de paz, allí florecen, como florecen los manzanos, por una eternidad. Allí mismo Felipe Calderón quería ir. Hubo protestas y en el portal Change.org. se sumaron miles a que no era bien recibido. Pero fue la madre de uno de ellos la que lo hizo recapacitar y cancelar esa presentación. Calderón nunca se disculpó de ese crimen. “Para pedir disculpas, Calderón tiene miles y miles de madres, hijos, tíos, sobrinos a quienes pedirle disculpas, pues no nada más fue mi hijo”, dijo la madre. Y así se cerró esa historia de una conferencia a la que dos cadáveres se le atravesaron, casi 10 años después. Como escribiera Shakespeare en una de sus tragedias: “El infierno está vacío; todos los demonios están aquí”.

www.gilbertohaazdiez.com

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