PICOS DE EUROPA (DIA XXI)

COLUMNA ACERTIJOS

MIERCOLES 01 DE ABRIL DE 2015

Gilberto Haaz Diez

*Nunca midas la altura de una montaña hasta que no hayas llegado a la cumbre. Entonces verás que no era tan alta como pensabas. Camelot.

PICOS DE EUROPA (DIA XXI)

Comienza a irse el frio. Parto muy de mañana rumbo a Los Picos de Europa. Sucede que hay un teleférico, como el de Orizaba, pero este altísimo a lo bestia, sube y trepa 1 mil 850 metros. Y cuando uno va en ese vagón al que le caben 20 personas, sientes que se bambolea por el viento de las altas montañas, se sufre y se aprieta aquellito. El Teleférico está en Fuente Dé, un pueblo de la Cantabria. Por 16 euros trepas y te apanicas (verbo foxista). Y al subir vas viendo la inmensidad de esa colina de nieve, donde llegan esquiadores para desafiar la montaña y donde llegan turistas, como nosotros, a subir y esquiar un poco y que los niños y adultos vean la inmensidad de esos volcanes donde se siente cerca a Dios, donde entiendes porqué  Él creó todo esto con la mano de la bondad. Hace unos días nevó, me dijo la empleada que atiende la cafetería en las alturas. Trabaja de 10 de la mañana a 6 de la tarde y cuando hay viento aquello debe sentirse feo, nos tocó un poco al bajar. Se toma la Autovía y se camina por el rumbo de Santillana del Mar, un pueblo como Loma Bonita, de las tres mentiras, porque Santillana del Mar ni es santa, ni es llana y ni tiene mar. Pueblo típico de los del norte de España, donde se come rico. Los pueblos conocidos: Comillas, donde se ubica la gran Universidad de Comillas, pueblo embellecido por Gaudí, con muchas de sus cosas. El que sí es de pescadores, San Vicente de la Barquera, bordeamos esos pueblos y aparecen señalizaciones de Oviedo, de Asturias, patria querida diría Manolo Haces, el pueblo que maravilló a Woody Allen, el más limpio del mundo al que la UNESCO dota cada año de la Escoba de Oro, por la limpieza de su ciudad.

LOS PUEBLOS

Se toma un atajo, un camino de dos vías, cerrado pero con un pavimento que ya lo quisieran los mugres de Capufe, para nuestras caras y malas autopistas estos españoles hasta los caminos rurales los tienen mejor que nuestras malísimas autopistas, vamos trepando a la montaña, se ven muchos deportistas, escaladores de nieve, los de rappel, los de kayak de los rápidos, el agua fría baja de la montaña y en su deshielo fluye toda hacia el rio, que se empalmará con el mar de la Cantabria, kilómetros adelante por San Vicente de la Barquera. Veo una Ermita, como aquella del camino verde, camino verde que da la Ermita, y que con el valle se pierde con mi triste soledad. Vamos al Parque Nacional de Fuente Dé. Para trepar al Teleférico. Zona de la Cantabria. Da miedo solo de pensarlo, cuando subí y el empleado de arriba, un español psicólogo, me dijo que si tenía miedo me metiera al restaurante que está a la mano. Eso hice. Me sicologió el muy canijo, más tarde perdí el miedo y me asomé adonde se podía, el mal de altura nació conmigo, Acrofobia, dicen que se llama a eso de tenerle miedo a las alturas. Los vértigos llegan. La altura desacomoda todo. Arriba de ese Teleférico uno no era nada. Y se pone a pensar si se descompone, porque de caer ni pensarlo, quedaríamos como salchichas aplastadas. O arañas fumigadas. Paramos en un pueblo llamado Uquijo. Allí un café y unos panes que son su especialidad, Corbatas le llaman aquí. Los vende Sanborns. ‘Una corbata que no es para poner sino para comer’, dijo el empleado de mostrador cuando le compré una caja por 5 euros. Son los amos de las panaderías por esta zona, como Aguilar de Campoo, un pueblo que huele a galleta porque allí elaboran las Guillón afamadas. En el Valle de Liébana, donde también se especializan en el Orujo, una bebida de alcohol, digestiva que sabe a primavera.

NIEVE A LA VISTA

Después de unas tres horas trepados en las montañas, viendo el infinito de esos volcanes de nieve, recordando nuestro Pico de Orizaba, que es más alto pero no tiene Teleférico, lo tiene el Cerro del Borrego, la tarde comienza a pardear y hace hambre. Muy cerca, a unos veinte minutos, al paso del rio que toma el agua del deslave encontramos un mesón llamado ‘Los Llanos’, muy recomendado, con la campiña del norte y con gente en la contertulia en las afueras mirando las montañas y tomando una caña (cerveza), en lo que los acomodan adentro para comer. En la carretera Potes-Fuente Dé, allí recibe turistas y gente que pasea en este Domingo de Ramos de Semana Santa. Nos dijeron que aguardáramos 20 minutos y lo aguardamos, la mejor recompensa fue la comida. Era el mejor lugar donde hemos comido de España, le dije a la hija del matrimonio formado por Miguel Ángel y Marisa, que él padre atiende en el bar y la madre la cocina y la hija las mesas. Exquisito, un cocido típico de esta zona, unas albóndigas que ni el rey come, y la lubina, pescado extraordinario. No solo fue el mejor sitio, fue el más barato porque había comida corrida de primer y segundo plato de 12 euros, incluido el postre. Riquísimo y a mejor precio. Más tarde a tomar la autovía rumbo a Santander y empacar para mañana partir a Casavegas, tierra de don Juan Diez Alonso, un español que hizo la América nuestra en Orizaba. Mi suegro (q.e.p.d.) y de allí a Palencia para más tarde tocar otra vez Madrid y emprender una nueva ruta, porque ya no tardo y voy de regreso, el Síndrome del Jamaicón pega en mi cuerpo y extraño las enfrijoladitas de Martha y las garnachas de Salomé, tan buenas como las de Rinconada, carretera a Xalapa, recordar lo que dijo un escalador: ‘las montañas ayudan a los hombres a despertar sueños dormidos ‘. Viajar como Marco Polo, que veces salía sin saber adónde llegar. O pronunciar lo que una vez dijo al aventurarme a contarles lo que veo: “Y no os conté ni la mitad de lo que vi”. Yo ahí voy, haciendo lo que se puede. Vale.

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