RUMBO A LA SELVA (COTAXTLA)

COLUMNA ACERTIJOS

MARTES 5 DE OCTUBRE DE 2019

GILBERTO HAAZ DIEZ

 

 

*El hombre es lo que come. Camelot.

 

 

RUMBO A LA SELVA (COTAXTLA)

Mañana de media semana. Tomo rumbo a un pueblo sin mar, pero con un rio aledaño, Cotaxtla, en la llamada zona del Sotavento, un pueblo con humedad y que les llueve en verano, según Wikipedia, sucede que el grupo de amigos jalapeños, que comemos cada que se puede en algún lugar de la capital, habíamos quedado de ir a comer al rancho La Chicharra, de Felipe Amadeo Flores Espinosa, político no en el retiro, porque los políticos solo se retiran cuando se mueren, a quien solo le faltó ser senador y gobernador, porque lo demás lo fue, hasta Procurador en tiempos turbios. Amadeo llamó que estaba listo para la comida. Y ahí nos tenéis tomando camino, porque a la gorra no hay quien le corra, diría Kamalucas, un filósofo de mi pueblo, rumbo a ese rancho donde fui a comer hace unos 10 o 12 años, cuando un candidato a gobernador allí llegaba, en tiempo de campaña. Prendí mi GPS para ubicarme, aunque el GPS no sirve porque, tiene razón el presidente AMLO, carajo, no hay señal por muchas partes y entonces olfateábamos el rio Cotaxtla para llegar como los grandes navegantes conquistadores, se incluye a Cristóbal Colón.

LAS ENTRADAS PUEBLERINAS

Tiene dos entradas el pueblo, el viejo camino por La Tinaja, que estos gachos de la SIOP estatal no han querido arreglar un pequeño tramo con solo echarle el chapopote que le tiran, en la Y Griega, y el de la autopista, una entrada y salida bicicletera en el kilómetro 54, que cuando iniciaron la construcción de la autopista los de SCT quedaron que les harían una entrada y una salida, porque la grava se la llevaron toda de Cotaxtla, no les hicieron nada, con todo y que, me cuenta Amadeo, un día llegó el gordo Carvajal (Gustavo Carvajal Moreno) a Capufe y pensaron que la hacían, pues no, no la hicieron y los moradores de esa zona siguen saliendo como pueden, en un pedazo de terracería y a la autopista. La comida transcurrió en buena convivencia,  al pie de una alberca, en los ranchos es donde mejor se come, entre los árboles frutales y la montaña donde la maleza hace que aquello parezca el Amazonas, por el verdor, ahí con el norte y el fresco que venía de Veracruz, entonces me acordé de un relato de Juan Rulfo en Pedro Páramo: “El agua que goteaba de las tejas hacia un agujero en la arena del patio. Sonaba: plas, plas, y luego otra vez plas, en mitad de una hoja de laurel que daba vueltas y rebotes metida en la hendidura de los ladrillos. Ya se había ido la tormenta. Ahora de vez en cuando la brisa sacudía las ramas del granado haciéndolas chorrear una lluvia espesa, estampando la tierra con gotas brillantes que luego se empañaban. Las gallinas, engarruñadas, como si durmieran, sacudían de pronto sus alas y salían al patio, picoteando de prisa atrapando las lombrices desenterradas por la lluvia. Al recorrerse las nubes, el sol sacaba luz a las piedras, irisaba todo de colores, se bebía el agua de la tierra, jugaba con el aire de la mañana”. Y llegó la comida, el anfitrión y su hermano Eduardo; un ex magistrado presidente, Alberto Sosa Hernández, un exsecretario de Salud, Manuel Lila de Arce, abogados, empresarios, cordobeses amigos, Octavio Burguete y Emilio Fanjul, el gran Dany de Vito, Mario Tejeda, una leyenda, filósofo de la Mixtequilla, Jesús Corichi, recientemente reclutado por la 4T vía Esteban Moctezuma Barragán, el periodista Orlando García, el viudo Gonzalo Lara, Rubén Darío Mendiola y párenle de contar. Entre una sopa de fideos, arroz con pollo, costillas enchipotladas y crucetas y unos tamales de elote de La Mixtequilla, escanciadas, diría un gourmet, con una chela y un buen vino, aquello llegó a la hora de partir de regreso a casa. Y así fue. Tarde de comida en rancho, donde comer es un placer, bien lo decían los conocedores: “Nuestras vidas no están en manos de los dioses, sino de un buen cocinero”.

www.gilbertohaazdiez.com

Ningún comentario aún

Comentarios

Mensaje