RUMBO AL CENTRO SAN DIEGO (DIA TRES)

COLUMNA ACERTIJOS

VIERNES 12 DE JULIO DE 2019

GILBERTO HAAZ DIEZ

 

 

*No hay tierras extrañas. Quien viaja es el único extraño. Camelot.

RUMBO AL CENTRO SAN DIEGO (DIA TRES)

Llega uno, se toma el auto y a treparse a sus increíbles Freeways, las autopistas más hermosas del mundo, junto a las de Texas, que le dan la prestancia de que aquí en caminos, deben ser los numero uno del mundo. Me hospedo cerca de la bahía en San Diego. Al otro lado de donde los americanos tienen la más importante Marina del Pacifico, la que los mete derechito en Asia. Con los portaaviones de guerra y los cazas y los helicópteros Blackhawk, como los que Trump presumió el día de la Independencia anual de ellos. El sol pega, pero el frio también. Raro para estos tiempos caniculares. Camino unos mil pasos para llegar adonde está el viejo barco Museo, uno despuesito de la Segunda Guerra Mundial. Voy a verle, es tan viejo pero conserva el mantenimiento que le dan a sus buques. Los americanos, que siempre andan en guerras, hacen sendos homenajes a los suyos, a los caídos, al lado de mi paso veo una placa de los Marinos que han caído en el cumplimiento de su deber. Un capitán marino al que enorgullecen y los nombres, como los nombres de los caídos en las Torres Gemelas, que ese también fue un acto de guerra, uno por uno para que las familias vengan y recuerden a todos ellos. Se conoce como el USS Midway Museum. Veo a un marino negro que está en la talacha, limpia una parte que le toca, la gente comienza a llegar, es temprano, hay que formarse y gastar sus 12 dólares para subir y ver los cazas jets y los helicópteros de combate. Al pie, los kioscos de los vendedores de suvenires, lo mismo camisetas que buques de juguetes y las gorras, que te hará sentirte uno de ellos.

AQUEL FAMOSO BESO

Una noche anterior por aquí anduve y andé, diría Kamalucas, un filósofo de mi pueblo. Conozco la foto. Conozco la historia, la he publicado varias veces en mis espacios de escritos. Pero en la noche fui, solo que la iluminación dejaba mucho que desear y me prometí regresar en la mañana, para tomarla y mostrarla. Es aquella foto icónica cuando un Marino tomó a una enfermera en pleno Times Square y, para celebrar el fin de la Segunda Guerra Mundial, la agarró de la cintura y le dio el gran beso de la felicidad del triunfo. Un fotógrafo de la revista Life captó el momento, y se inmortalizaron todos: personajes, la enfermera y el marino y el fotógrafo, Alfred Eisenstaedt, que pasó a los archivos de la historia. La mujer vivió muchos años, hasta los 92, murió no hace mucho, el marino, por igual, aquel beso los hermanó y los hizo ser famosos. Se tejen muchas historias de ese beso, bastaría unos libros para contarla, pero las historias andan en Internet. Llego, el sol pega, de viaje suelo caminar, hago mi promedio de 5 kilómetros, unos 8 mil pasos y no me rindo. La estatua es gigante, mide 8 metros y pesa 6000 libras, está junto al embarcadero. La gente llega y a los pies de la enfermera se toman las fotos. Ando solo, le pido a una japonesita me tome una para presumir que aquí estuve, si no no tiene chiste. Uno puede platicar que se anduvo en tal lado, pero si no hay foto, no anduviste, manito, dirían en mi pueblo. Mucha gente, todos posan, se paran tomando el pie de la enfermera y click, ya está en la inmortalidad de uno. La bahía al fondo, los buques pasan, los lanchones, camino otros pasos, hay un restaurante de pescados y mariscos, como los de doña Amada en La Isla del Amor de Veracruz, donde nos atiende el amigo Gustavo. Huele a langostinos. A mojarra, a todo eso. Enfrente me encuentro otras imágenes, esculturas vivas de aquel gran comediante, Bob Hope, el que iba a los sitios de Europa o Asia a divertir a las tropas. Es bella, aparece Bob Hope de pie con micrófono en atril y varios soldados, algunos en sillas de ruedas, mutilados o heridos, hay un audio del comediante donde les expresa sus alegrías. Marilyn Monroe una vez también visitó un sitio de guerra en Europa, y se inmortalizaron. Unos 13 militares le están oyendo, divirtiéndose, a las risas, Bob Hope era genial. El mejor comediante en aquellos tiempos. Es parte de su cultura, exaltar a los suyos, a cada paso que se da por aquí, se rinde homenaje a los Marinos y soldados caídos en Guerras. Las que hayan sido, en la de los marinos se ponen el nombre de los buques y cuántos soldados perdieron en cada uno de ellos. Tiempos de sus guerras. Mañana un poco más, Dios mediante, diría Denegri.

www.gilbertohaazdiez.com

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