SEVILLA DIA DOS

COLUMNA ACERTIJOS

JUEVES 26 DE MARZO DE 2015

Gilberto Haaz Diez

*De Federico García Lorca: “La noche no quiere venir/para que tú no vengas,/ni yo pueda ir”. Camelot

SEVILLA DIA DOS

El tren AVE nos pone en dos horas y media en Sevilla. Un par de paradas en dos pueblos pequeños y una en Córdoba, ciudad ubicada al pie del rio Guadalquivir y al pie de la Sierra Morena, como la nuestra, de donde vienen bajando un par de ojitos negros de contrabando. Dejamos un Madrid lluvioso y frio. Debemos regresar en cuatro días para hacer otra escala técnica, vía a ver adónde. Llovía cuando partimos de Atocha. Nos trepamos muy rápido y los trenes son puntuales. Alguna vez promocionaron que, si llegaban cinco minutos tarde, devolvían el importe del tiquet. Apenas tocamos tierras andaluzas, el taxista nos lleva a mil por hora, en todo, en lenguaje (hablan rapidísimo) hay que parar bien el oído porque van a velocidad de Fittipaldi, pero es la gente del sur, son agradables como los nuestros, los sures siempre son así, no como aquella leyenda mala de que los nortes trabajan, los centros piensan y los sures descansan. Más o menos. En unos días llega Semana Santa a Sevilla, donde todo se sublima. El taxista platica con mi esposa Matilde, que es conocedora de las procesiones y de las saetas y del Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar. Los andares de la tierra andaluz, cuando andan pidiendo escaleras para bajar al Jesús de los maderos, según Machado. Del 29 de marzo al 5 de abril. Estamos cerca. Los Viacrucis, los pregones, los costaleros, en Triana, donde su virgen los arropa. Nos hospedamos en el hotel Inglaterra. 102 euros la habitación y 6 euros el internet en el cuarto. 4 estrellas, no se le ha caído ninguna. En su mostrador de reserva exhiben una fotografía cuando sale de desayunar el Rey Alfonso XIII, en 1915. Hay otro hotel a su memoria, el mejor de la ciudad, el Alfonso XIII, hotel en honor al bisabuelo del ahora Rey, que solía veranear por Sevilla, al igual que la Duquesa de Alba, que era una sevillana más sin serlo. Situado frente a un parque y a dos cuadras de la Catedral de Sevilla, donde reposan los restos de Cristóbal Colón. Aquel al que los Reyes Católicos mandaron a descubrir las indias y se encontró con América. La América nuestra.

AL COMEDERO

Caminamos unas cuadras para salir a comer. Tienen un tren en el centro y sitios para sus ciclistas, debe uno andar a las vivas porque si no te arrollan. Van tan rápido que parecen candidatos veracruzanos a la diputación federal, tras el hueso y tras la torta, la nómina sagrada que la patria da a sus hijos preclaros. Muy en el centro, frente a la Catedral que la encontramos cerrada, pues abre de 10 a 5, comimos unas tapas, picamos de todo: paella, tortilla de patatas, jamón serrano jabugo, el de bellota, y lo que se podía. La mesera puso orden, como somos 13 a la mesa y los mexicanos solemos ser muy escandalosos y, cuando pedimos, pedimos todos al mismo tiempo, la mesera puso orden y como maestra de escuela nos controló. Así pudimos comer bien y a gusto. No suelen dejarles propinas, eso del diez por ciento es solo nuestro, y quizá de los gringos, donde en algunos restaurantes americanos  ya te sugieren propina del 18 por ciento, como si todos fuéramos Slim. Aquí no, no la acostumbran, escasamente unas moneditas y, cuando ven un billete de 5 o 10, pelan el ojo asombrados y te agradecen eso que llaman amor por el servicio. En Tokio, de donde vengo apenas, las propinas están prohibidas. Llegando a un hotel de los de 5 estrellas quise darle unos yenes a un bell boy de ojos rasgados que me ayudó con las maletas, no la tomó. Ni hablar, hice mío aquello de ‘a la tierra que fueres haz lo que vieres’.

EL FRIO SIGUE

Caminamos después de comer. Hace frio, pese a que este es un lugar de mucho calor, donde el termómetro llega a los 50 grados en verano. El tiempo loco marca 20 grados y debía sentirse calorcito, que va, hace frio cuando la noche llega. Por el rumbo de la Maestranza, la plaza de toros bella y mundial, vimos la Torre del Oro. Pegada al rio Guadalquivir, rio navegable que le daremos su vuelta pronto. Atardecía, la foto, que subí al Facebook da cuenta de esas tardes sevillanas, de esos poetas que le han cantado y escrito, como aquel que dijo: ‘dile a los vientos vecinos que no hay camino de vuelta’. Las tiendas de souvenirs muy a lo suyo, figuras sevillanas, llaveros, gorras, todo de los dos equipos de España, Real Madrid y Barcelona. Aquí juegan el Betis y el Sevilla, uno que va en cuarto sitio de la liga, alguna vez conocí el estadio Sánchez Pizjuán, ahora no hay tiempo para verles, me conformo con ver al Real Madrid contra del Granada el día 5 en Madrid. Las figuras sevillanas lo son todo. En Madrid vi un Lladró de una sevillana desnuda, envuelta en un mantón de Manila, extraordinaria, había que perderle el amor a mil y pico de euros, jeje, mi religión no me lo permitió y la dejé en ese aparador admirando a los turistas embelesados que pasan rumbo a la Plaza Mayor, no sin antes tomarle una foto para mi archivo personal. Andamos cómo irnos a Granada, tierra ensangrentada, suele irse por tren, que no son los de alta velocidad, los normales, los Talgo de RENFE, o irse por un bus o rentar un auto, optamos por lo último. Está lejos Granada, y la Alhambra a mano, dos horas y pico, casi llegando a tres, haremos los kilómetros llevaderos, en sus grandes autovías que no tienen  que ver nada con las deterioradas y del tercer mundo de Capufe, donde nos cobran cuando debían pagarnos por transitarlas. Autovías de primera, sin baches, sin torturas, uno puede leer un libro con toda tranquilidad, sin que te brinque delas manos, pero es que nosotros, los mexicanos al grito de guerra, no nos merecemos esas horribles autopistas de paga a que nos tienen acostumbrados, y nos venden como las mejores, cuando son unas porquerías en toda la extensión de la palabra. Les cuento mañana más.

UNA TRAGEDIA AEREA

Como seguramente el mundo está enterado, y México también, un avión que volaba entre Barcelona y Dusseldorf se estrelló en los Alpes franceses. Hay luto en toda Europa. Los relatos son desgarradores. 150 muertes. Los tres presidentes, Francia, Alemania y España, se reúnen en el sitio de la tragedia. Las banderas de la Unión Europea a media asta.

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